Las «mascotas» se alían en la rehabilitación de enfermedades

Perros, caballos o delfines colaboran «desinteresadamente» en nuevas terapias rehabilitadoras para personas que padecen patologías como el Alzheimer, parálisis cerebral o autismo, entre otras. La Fundación Carriegos, en León, trabaja este tipo de «medicina con caballos», desde el año 2003.

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Fuente: abc.es

Los animales no sólo representan a los mejores amigos del hombre o las herramientas de trabajo que han facilitado las duras tareas a la humanidad, sino que actualmente se han convertido en unos valiosos aliados en favor de la recuperación de determinadas dolencias.

Perros, caballos, delfines, … cada vez con más las especies que se unen a las novedodas terapias rehabilitadoras en personas con Alzheimer, parálisis cerebral, autismo o incluso víctimas de abusos sexuales.

La utilización del caballo para la mejora de la salud causa inquietud desde tiempos remotos, siendo el equino ya en la época clásica un medio de terapia para los soldados heridos. En España, la introductora de las terapias ecuestre fue María Hernest, pero fueron después distintos colectivos y a partir de 2004 la Federación Española de Terapias Ecuestres, los encargados de ayudar a promover, divulgar y profesionalizar este tipo de practicas en el país.

En León, la Fundación Carriegos desarrolla desde 2003 estas terapias destinadas a personas con discapacidades físicas (como esclerosis o paraplejías), psíquicas (síndrome de Down o hiperactividad), sensoriales y sociales (drogodependencia), así como pacientes con trastornos psicológicos, tales como fobias o depresiones. Las terapias ecuestres pretenden la habilitación o rehabilitación física, cognitiva, de conducta y funcional a través de un proceso formativo que exige una aplicación personalizada y busca la total integración social del individuo, que con esta práctica supera sus diferencias e inadaptaciones e incrementa su desarrollo y autonomía personal.

Beneficios emocionales

La superación de temores, mejora la confianza y la autoestima y disminución de la ansiedad son algunos de los beneficios emocionales de esta terapia, que a nivel sensomotriz permite un progreso en el equilibrio y la coordinación y reduce patrones de movimiento anormales.

Asimismo, contribuye a la mejora de la comunicación gestual y oral, potencia la capacidad de memorización y aumenta las relaciones sociales y la capacidad de trabajo en equipo. Dependiendo de la discapacidad, los profesionales centran la sesión en una u otra área y eligen la modalidad de terapia ecuestre que mayores beneficios puede proporcionar la paciente.

Las sesiones son desarrolladas habitualmente con una periodicidad semanal y una duración aproximada de 45 minutos, divididos en tres fases de trabajo. En la primera de ellas, se introduce al paciente en el manejo y cuidado del caballo, para pasar después en una segunda etapa a la creación de un vínculo con el animal y al aprendizaje previo a través de la observación y la imitación. Finalmente, se forma al individuo en el desarrollo de las habilidades y capacidades necesarias para la práctica de la equitación. Desde el momento en el que el alumno ejerce acciones de mando y control sobre el caballo, aumenta la autonomía personal y la autoestima del individuo, que mejorará la integración con los demás.

El caballo ejerce como elemento motivador del individuo al tiempo que emite información a través de estímulos táctiles, olfativos, auditivos y visuales y produce un movimiento tridimensional que provoca en el jinete oscilaciones, mientras que su calor corporal mayor que el humano propicia la relajación muscular.

Un caballo al paso imprime al jinete entre 90 y 110 impulsos por minuto, que éste percibe como oscilaciones de su cuerpo en las tres direcciones del espacio provocando en él movimientos, que permite trabajar globalmente el sistema nervioso, vestibular, digestivo, respiratorio, articulaciones y músculos.

Apacibles y nobles

Para la ejecución de esta terapia es necesario un proceso previo de selección y entrenamiento del caballo, que debe de reunir una serie de características tales como tener un carácter apacible y noble, ser tranquilo, de buena naturaleza y difícil de asustar. También tiene que poseer buenas actitudes y maneras y tolerar el trabajo rutinario.

En cuanto a su entrenamiento, desde la Fundación se trabaja primero en su estructura a nivel articular, tendinosa y muscular, considerando al animal como una atleta al que preparar su condición física para que pueda desarrollar su labor correctamente. Posteriormente, a nivel psíquico, se doma su cabeza para que pueda ejecutar y tener la paciencia de desenvolverse en su faceta como parte de un equipo de terapeutas. Finalmente, se profundiza en su condición de herbívoro y animal presa, puesto que se asusta con bastante facilidad.

En el año 2009, la terapia ecuestre que imparte la Fundación Carriegos benefició a 256 personas, que recibieron un total de 2.841 sesiones, a través de campamentos de terapia o tratamientos semanales enmarcados en proyectos estables que se desarrollan durante este curso escolar.

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