Discapacitados ganan confianza y superan barreras con terapias con animales en Granada

Cada vez son más los centros que optan por trabajar con terapias asistidas con animales y, Sueño granjero, es uno de ellos.

Las terapias asistidas con animales aportan sobre todo beneficios físicos y psicosomáticos. Este tipo de terapias van dirigidas fundamentalmente a los discapacitados físicos, intelectuales o ambos y sin límite de edad.

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Fuente: ideal.es/granada

Un centro especializado ofrece en Granada terapias asistidas con animales, fundamentalmente con caballos, a discapacitados físicos o intelectuales de todas las edades que mejoran así sus habilidades sociales y de aprendizaje, aumentan la confianza y el control sobre sí mismos y logran frenar sus miedos.

Se trata de Sueño granjero, un centro sanitario surgido de una iniciativa reconocida por la Universidad de Granada y especializado en fisioterapia neurológica manual (gimnasio) que ofrece además equitación terapéutica, ha explicado Natalia Domínguez, propietaria del centro y especialista en este tipo de terapias.

Terapias con animales

Las terapias ecuestres combinan la acción del fisioterapeuta y el caballo como recurso terapéutico en este centro integrado por un equipo de profesores especializados en este campo.

En el resto de tratamientos con animales, el centro utiliza sobre todo perros adiestrados (animales de compañía de carácter dócil); gallinas (por el sonido que emiten, que se usa como herramienta, o porque el hecho de coger los huevos sirve de ejercicio); patos, a los que los pacientes alimentan en el estanque; cabras que dan leche; conejos, por su suavidad al tacto, y tortugas, entre otros.

El entorno rural en el que se desarrolla la terapia, unido a los paisajes y olores, permite además al paciente interactuar con el medio, según la especialista.

Este tipo de terapias van dirigidas fundamentalmente a los discapacitados físicos, intelectuales o ambos y sin límite de edad, porque los profesionales adaptan las actividades a los usuarios.

Ecuestres

A las terapias ecuestres pueden asistir desde niños a partir de los 2 años hasta ancianos, según Domínguez, que subraya la importancia de conocer bien los procesos de intervención en la equitación terapéutica, la valoración inicial del paciente, su seguimiento y las contraindicaciones, de ahí que recomiende los centros que cumplan la normativa y la formación requerida.

Los pacientes que acuden a este centro, ubicado en Ogíjares, presentan fundamentalmente daños cerebrales, parálisis cerebral infantil, síndrome de Down y otros como el de Rett, West o Angelman, esclerosis múltiple, hiperactividad, autismo y espina bífida.

También hay usuarios con enfermedades neuromusculares o traumatismos en este centro, que lleva más de un año y medio abierto y que recibe durante las mañanas más de treinta usuarios semanales procedentes de colegios infantiles, casas familiares y asociaciones de adultos, y unos cuarenta niños por las tardes durante cada semana.

Según la especialista, las terapias asistidas con animales aportan sobre todo beneficios físicos y psicosomáticos.

Habilidades sociales

Entre ellos destacan la adquisición de habilidades sociales y adaptación al entorno; los beneficios sensoriomotores (potencian el equilibrio, la motricidad y las reacciones de defensa), y los cognitivos (aumentan la comunicación, la memoria, la concentración, las habilidades psicológicas básicas y los procesos de aprendizaje).

Esta terapia también aporta beneficios emocionales (aumento de la confianza y el control emocional y disminución de la ansiedad y los miedos); funcionales, porque sirven para estimular el sistema respiratorio, digestivo y circulatorio, y psicosociales (desarrolla el comportamiento cooperativo y disminuye los impulsos agresivos).

Según la especialista, las terapias asistidas con animales no están aún muy extendidas, pero el efecto beneficioso del movimiento del caballo se conoce desde antiguo y ya los griegos y romanos lo utilizaban como terapia.

Fue en 1780 cuando Clementes Joseph Tissot descubrió los efectos de la monta y sus contraindicaciones, y un siglo después el neurólogo francés Chassiagnac detectó que un caballo en movimiento mejora el equilibrio y el control muscular.

Aunque el auge en Europa de este tipo de terapias surgió en los años cincuenta y sesenta en Alemania, hay escritos que evidencian que durante la Segunda Guerra Mundial se usaban los caballos para la rehabilitación de los soldados con amputaciones.

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