La belleza y fascinación del reino animal se exponen desde hoy en París

Animales y arte. Dos conceptos mucho más vinculados de lo que parecen, cuya unión por fin tiene su merecido en forma de exposición en plena capital francesa. Si tenéis pensado visitar París, ¡no dudéis en darle un vistazo!

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Fuente: La Razón

La fascinación que el reino animal ejerce en artistas y naturalistas, resumida en 120 obras maestras creadas en Occidente entre el Renacimiento y la actualidad, centra la exposición “Beauté animale, de Dürer à Jeff Koons”, que hoy abre sus puertas en París.

La belleza y fascinación del reino animal se exponen desde hoy en París

La muestra explora la relación entre arte y ciencia, la evolución de la relación de los humanos con los animales y la de sus prejuicios para con ellos, así como el concepto de belleza animal, dijo en una entrevista con Efe su comisaria, Emanuelle Héran.

Las obras podrán verse en el Grand Palais hasta el próximo 16 de julio y son tan diferentes como sus autores, entre ellos Goya, Picasso, Van Gogh, Delacroix o Pompon.

Héran, directora científica adjunta de la Reunión de Museos Nacionales franceses (RMN), subrayó que pese a ser el tema animal “muy frecuente en el arte” nunca hasta hoy había sido objeto de una exposición “exhaustiva de envergadura”.

Para delimitar el inmenso territorio artístico, geográfico y temporal a afrontar, el enfoque es muy preciso y en primer lugar solo incluye óleos, esculturas y dibujos cuyo protagonista es un animal.

No hay tampoco vídeos ni fotos, los primeros por derivar a menudo en la materia en obras sangrientas y no estar muy estudiados aún, las segundas por ser todavía un territorio temático virgen, comentó.

Tampoco hay obras anteriores al Renacimiento, aunque la representación animal comienza en las grutas prehistóricas decoradas, como en las cuevas de Lascaux, ni obras ajenas a la civilización occidental, precisó.

“Intenté contentarme con hablar del arte occidental y reenviar a los visitantes a la relación que ellos tienen culturalmente y ancestralmente con los animales”, explicó.

La muestra es exhaustiva “por cubrir un gran periodo, casi seis siglos”, que comienza “en el momento de los grandes descubrimientos” del Renacimiento y cubre el periodo que va hasta la época actual, “cuando nos interesamos mucho en la responsabilidad que el hombre tiene para con los animales” y el devenir de ciertas especies en peligro de desaparición, dijo.

Explora además el puesto que el animal ocupa “en un mundo cada vez más urbano” y la cambiante relación del hombre con ciertos animales, acercándose cada vez más a algunos de ellos y alejándose de otros, como el caballo, en tiempos “omnipresente”, pero hoy “mucho más anecdótico”, señaló.

La exposición, posible gracias a numerosos préstamos de colecciones particulares y museos nacionales y extranjeros, entre ellos el Prado, “muestra bien, por ejemplo, cómo el gato no entró en las casas tan pronto como se cree”.

“Es un animal que se hizo verdaderamente familiar como lo conocemos hoy solo a finales del XIX”, pues antes vivía en estado salvaje y sobre todo se asimilaba al diablo; “era el gato de la bruja”, no tenía ninguna imagen positiva, al diferencia del perro, que la tuvo siempre, resaltó.

De sala en sala, “salta a los ojos en la mayor parte de las obras la evolución de la relación que tenemos con el animal”, y se cuestiona al visitante sobre los prejuicios que puede tener sobre la belleza animal, ya desde el cartón de invitación, con el negro retrato de un orangután de François Pompon (1855-1933).

Un animal que durante mucho tiempo “se creyó que estaba muy lejos del hombre”, pero con el que, según sabemos desde enero 2011, “tenemos el 99 de nuestro patrimonio genético en común”, destacó.

De ahí también que entre las obras estelares de la muestra figure un “Caniche” procedente del Museo Colección Berardo de Lisboa, que representa a un perro sumamente artificial, sentado ante un espejo y arreglado casi como una mujer, muy lejos del mundo salvaje, tal y como lo vio Jeff Koons en 1991.

Hay que tener en cuenta que cuando se representa un gato, una vaca, un caballo, “son animales ya modificados por el hombre para conformarlos a nuestros criterios de belleza”, resaltó al respecto.

Por eso, añadió, es muy diferente un caballo pintado por Géricault a principios de siglo XIX a los esculpidos por Degas a finales del XIX y principios del XX.

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