El vigilante de la playa y la gaviota: amigos inseparables

Valerio y Livingston

Valerio y Livingston

La rescató y acogió en su casa cuando apenas tenía unos pocos días de vida. La ayudó, la alimentó, la enseñó a nadar… Y ahora “trabajan” juntos en la playa. Hablamos de Valerio y de Livingston, el primero un vigilante de la playa de Loano (en Italia), y la segunda una gaviota macho de unos dos meses de edad. Esta es su aventura…

Esta entrañable ¡e inesperada! historia de amistad entre hombre y pájaro empezó a finales de mayo, cuando Valerio se encontró a un pollito huérfano con pocos días de vida. Sin pensarlo dos veces, decidió hacerse cargo de él, construyéndole un nido con una caja de cartón, y documentándose a conciencia. Descubrió, así, que las crías de gaviota deben comer cada cuatro horas una papilla de pescado batido, por lo que colocó el nido en su mesita de noche, para poder llevar al día su ritmo de alimentación. Conforme iban ganando confianza, el animal empezó a comer directamente de la mano de su padre adoptivo, lo cual compensaba las dificultades de los dos primeros meses de vida juntos: prácticamente me he visto obligado a renunciar a la cocina y el balcón durante esos dos meses, comentaba Valerio. Sea como sea, su atención por el pájaro permitió que éste creciera sano y fuerte. A día de hoy, Livingston tiene una apertura alar de 110cm, por lo que es un poco más pequeño que otras gaviotas de su edad, pero aún está en fase de crecimiento.

Lo más curioso de todo ello es que ahora que estamos en plena temporada alta para el salvavidas, tuvo que adaptar las necesidades de su mascota a las suyas, de manera que cuando iba a la playa, se veía obligado a cargar con ella, poniéndola en un cestito para poder tenerla alimentada a la mínima que podía ausentarse de su puesto de trabajo. Bien pronto, su amiguito empezó a perseguirle por la arena, caminando detrás de él mientras realizaba su ruta por la costa… ¡E incluso nadando con él! Y es que apenas vio ocasión para ello, Valerio se metió en el agua para hacer de monitor de la gaviota.

En las últimas semanas, el bueno de Livingston ha aprendido también a volar, en un nuevo descubrimiento para él que resultó emocionante tanto para el vigilante como para todos los bañistas curiosos y conocedores de la historia.

Ahora, ya totalmente capaz de valerse por sí misma, la gaviota se ha independizado y vive en la playa de Loano. Pero cada mañana, a la que ve a Valerio, le da alcance y realizan la ruta juntos, caminando uno al lado del otro.

Livingston adora estar reparado del sol bajo el asiento de mi puesto de trabajo, y usa mi sombrilla como faro: cuando vuela, la usa como punto de referencia para orientarse, y si lo quito se enfada. A veces me doy un chapuzón, y el viene tras de mí y se baña conmigo, nos cuenta el italiano…

Curiosa relación la suya, sin duda. Y otra muestra más de la intensidad del vínculo que une a humanos con animales…

Un comentario en “El vigilante de la playa y la gaviota: amigos inseparables

  1. Interesante historia y de gran contenido pedagógico. Es una tarea hermosa la de ustedes. Adelante siempre. Es posible un mundo mejor.

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