Los osos polares en grave peligro como consecuencia del cambio climático

Hace tiempo que sabemos del complicado panorama que sufre la especie. El imparable deshielo del Ártico limita cada vez más el  hábitat del oso polar. 😦

Fuente: elespanol.com

El deshielo de la superficie del Ártico provoca que uno de los carnívoros más grandes de la Tierra gaste más energía intentando cazar de la que consume.

La población de osos polares se ha reducido un 30% en los últimos 45 años. Science

Si hay una animal que visibiliza el drama que supone para el planeta el imparable deshielo del Ártico, ése es el oso polar. El cambio climático está provocando que uno de los carnívoros más grandes de la Tierra se vea seriamente amenazado por la drástica reducción de su hábitat natural. El deshielo de la superficie marina comienza cada vez antes y es cada vez mayor. Este depredador, que utiliza las placas de hielo como plataforma para cazar su principal alimento, las focas, ha visto cómo esta tarea no sólo resulta cada vez más complicada, sino que empieza a ser totalmente ineficiente.

Ésta es la principal conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores encabezado por el biólogo norteamericano Anthony Pagano, que ha estado siguiendo durante tres años a una pequeña población de osos en la costa nordeste de Alaska. Los científicos han comprobado que las condiciones climáticas están provocando que estos animales gasten más energía intentando cazar de la que consumen. Y la cosa se pone más complicada cada vez.

En los últimos meses, varias imágenes que ilustran el padecimiento de los osos polares han dado la vuelta al mundo. La primera de ellas fue tomada el pasado 19 de septiembre en la isla de Wrangel, una remota reserva natural al norte de Siberia. En ella se podía ver a cientos de osos polares devorando el cadáver de una gigantesca ballena boreal que había llegado hasta la costa, como si de animales carroñeros se tratase. La segunda, más controvertida y difundida por National Geographic, mostraba a un oso famélico, con la piel manchada, deambulando en busca de comida en tierra seca.

Por raro que parezca, estos comportamientos comienzan a ser tristemente habituales en una especie cuya población se ha reducido un 30% en los últimos 45 años y que, según cifras de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), ronda los 26.000 ejemplares en todo el mundo. De hecho, el pasado mes de mayo, la revista Journal of Animal Ecology publicaba un estudio en el que se alertaba de que el cambio climático está provocando que los osos hayan pasado de cazar otros mamíferos como las focas a atacar nidos y comer huevos de gansos, patos y gaviotas.

Aun así, más del 90% de la dieta de estos depredadores sigue estando compuesta por focas (principalmente) y otros mamíferos marinos como las belugas. Una dieta que está pasando factura en el metabolismo de los osos debido a la amplificación ártica (que está provocando que el hielo del Ártico disminuya un 14% cada década) y que podría estar consiguiendo que estos animales salvajes estén cada vez más delgados ya que les resulta imposible cazar todas las focas que necesitan. Así lo sugiere el estudio que acaba de publicar Pagano y su equipo en la revista Science.

En abril de 2014, 2015 y 2016, este grupo de investigadores intentó comprender mejor el gasto energético de los osos polares durante la primavera, la mejor temporada de caza, cuando las condiciones del hielo marino deberían ser ideales. En este periodo de tiempo, los biólogos capturaron a nueve hembras adultas en el mar de Beaufort, midieron las tasas metabólicas de cada una de ellas y analizaron muestras de sangre y orina tras su captura y recaptura, después de 8 a 11 días de intensa caza. Además, equiparon a los animales con collares GPS para recoger los registros de su actividad tanto diurna como nocturna.

Los resultados son más que relevantes. Los datos obtenidos por los científicos apuntan que el metabolismo del oso polar es 1,6 veces más alto de lo que se pensaba con anterioridad. Este hecho, tal y como comprobó este grupo de biólogos, podría estar contribuyendo a una pérdida de peso mayor de lo habitual. “Cuatro de las osas perdieron el 10% o más de su masa corporal durante el período de 8 a 11 días, con una pérdida media del 1% por día (alrededor de 1,95 kilogramos)”. Además, una de las osas capturadas no sólo perdió reservas de grasa, sino también músculo magro.

En frío, estas cifras podrían resultar poco impactantes. Pero lo cierto es que la pérdida de un 1% de masa corporal por día representa cuatro veces la masa diaria que puede perder un oso polar en ayunas en tierra, sin comer absolutamente nada. O lo que es lo mismo: con las actuales condiciones climáticas, los osos polares pierden más energía cazando que ayunando. Y la cosa puede ir a peor. “La mayor fragmentación del hielo marino supondrá un desequilibrio aún mayor en la relación gasto-consumo de energía de estos animales”, apuntan los biólogos.

Este desequilibrio puede resultar determinante respecto a las reservas de grasa que deben acumular los osos polares de cara al invierno, cuando la superficie marítima se cubre de hielo y se ven obligados a ayunar, valiéndose de la energía acumulada durante la temporada de caza. De seguir así, no es de extrañar que las imágenes de osos polares devorando animales muertos o asaltando nidos de gaviotas para sobrevivir sean cada vez más habituales. Intentar frenar el cambio climático y evitar la agonía de esta especie está en nuestras manos.

Por fin entra en vigor en España el Convenio Europeo de protección de las mascotas

30 años hemos tenido que esperar para que el convenio sea aplicable también en España. Por fin, sacrificar cruelmente a un animal, maltratarlo o hacerlo sufrir por capricho, queda oficialmente ¡¡¡PROHIBIDO!!!

Fuente: 20minutos.es

Imagen de archivo de un cazador junto a su perro de caza. GTRES

  • El 1 de febrero ha entrado en vigor la norma conocida por la prohibición de cortar rabo, orejas, cuerdas vocales y extirpar uñas y dientes por fines estéticos.
  • Prohíbe también, entre otros aspectos, el sacrificio por ahogamiento u otros métodos de asfixia, venenos o drogas o la electrocución sin pérdida de conciencia.
  • El Convenio Europeo sobre Protección de Animales de Compañía se aprobó en 1987

Cortar el rabo, las orejas, seccionar las cuerdas vocales, extirpar uñas y dientes por fines estéticos o más allá de los fines curativos o bien regalar mascotas como premio o gratificación está prohibido desde este jueves, 1 de febrero de 2018, tras la entrada en vigor del Convenio Europeo sobre Protección de Animales de Compañía, parobado en noviembre de 1987 en Estrasburgo.

El texto, fue publicado en el Boletín Oficial del Estado el pasado 11 de octubre, establece la prohibición de las intervenciones quirúrgicas para modificar la apariencia u otros fines no curativos que solo se autorizarán si un veterinario las considera beneficiosas por razones de medicina o bien por el beneficio de un animal determinado o para impedir su reproducción.

Además, fija que toda intervención en la que el animal pueda sufrir dolor solo podrá efectuarse con anestesia administrada por un veterinario y las que no requieran de anestesia podrán realizarse por una persona competente con arreglo a la legislación nacional.

A la hora de los sacrificios, el Convenio Europeo aprobado, expone que un animal de compañía solo podrá ser sacrificado por veterinario o persona competente excepto para poner fin al sufrimiento del animal en casos de urgencia en los que no pueda obtenerse rápidamente la asistencia de un veterinario o de otra persona competente, o en cualquier otro caso de urgencia previsto por la legislación nacional.

En ese caso, el sacrificio deberá acometerse con el menor sufrimiento físico y psíquico posible y con la aplicación de una anestesia general profunda seguida de un procedimiento que cause la muerte de manera cierta. Del mismo modo, el Convenio prohíbe como método de sacrificio el ahogamiento u otros métodos de asfixia, el uso de venenos o drogas, la electrocución a menos que vaya precedida de pérdida inmediata de conocimiento.

Del mismo modo, el Convenio establece los límites a la tenencia de mascotas, las formas de reducción de animales vagabundos, aboga por no incentivar la reproducción no controlada a través de la estimulación de la esterilización o alentar que quienes se encuentren gatos o perros vagabundos lo pongan en conocimiento de las autoridades.

Con su entrada en vigor, España se compromete a fomentar los programas de información para promover la tenencia, cría, adiestramiento, comercio y custodia de animales de compañía, la conciencia y el conocimiento de este convenio.

En particular, España deberá prestar atención a que el adiestramiento se haga por personas dotadas de conocimientos idóneos y tendrá que establecer medidas para desalentar el regalo de animales de compañía a menores de 16 años sin consentimiento expreso de sus padres así como evitar el regalo de animales de compañía a modo de premio, recompensa o gratificación.

El convenio regula también distintos aspectos como su mantenimiento, custodia, bienestar, comercio y cría con fines comerciales o su uso en publicidad, espectáculos, muestras o concursos, entre otras cuestiones.

Las CC AA deberán adaptar sus legislaciones

En definitiva, este convenio como objetivo tiene garantizar que “nadie” deberá infringir “innecesariamente dolor, sufrimiento o angustia a un animal de compañía” o que “nadie” deberá abandonarlo. Del mismo modo establece las responsabilidades de los amos en cuanto a su salud, bienestar, alojamiento, cuidados o atención y para poner todas las medidas razonables para impedir que se escape.

En este contexto, el pasado 24 de enero, el subsecretario del Ministerio de Agricultura y Pesca, Alimentación y Medioambiente, Jaime Haddad, anunció una campaña sobre la tenencia responsable de mascotas en el marco de la línea de trabajo de animales de compañía que, entre otras cuestiones, buscará mejorar la gestión del comercio electrónico de animales.

Durante la entrega de los III Premios de Bienestar Animal del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid, Haddad expuso que el Ministerio está trabajando sobre núcleos zoológicos, para asegurar la existencia de un registro nacional armonizado y aumentar la formación del personal responsable.

Además defendió que la protección del bienestar animal es uno de los objetivos prioritarios del MAPAMA, no solo en los animales de producción sino en los domésticos y utilizados para fines científicos y ha recordado que el Convenio Europeo compromete a los países firmantes a concienciar sobre la tenencia responsable de animales.

Por su parte, la Asociación Nacional de Defensa de los Animales (ANDA) ha celebrado que “tras diez años de espera”, España haya ratificado por fin el convenio que supondrá por primera vez que se apliquen unos “mínimos criterios uniformes” y “comunes” en todo el país para proteger a los animales de compañía.

Igualmente, señala que ahora las comunidades autónomas deberán comprobar su legislación para ver si cumple con estos parámetros y adaptarla allí donde sea necesario.

“Las legislaciones autonómicas son diversas e incluyen niveles y garantías diferentes por lo que era muy necesario encontrar una fórmula que permitiera, más allá de competencias nacionales, autonómicas o locales, establecer unos criterios de protección animal mínimos que garantizaran el respeto por nuestros animales de compañía de forma uniforme e independientemente del lugar en que nacieran o vivieran”, ha manifestado el portavoz de ANDA, Alberto Díez.

Impacto medioambiental de las mascotas

Os dejamos este controvertido artículo. No estamos de acuerdo en sus afirmaciones generalistas por que afortunadamente somos muchos los que convivimos con animales y actuamos de forma responsable y respetuosa con el medio ambiente y con el propio animal, igual que lo hacemos en otros ámbitos. Comparar el impacto ambiental de un gato con un coche… nos deja palabras.

Fuente: ecoavant.com

Un perro consume más recursos naturales que un 4×4, y un gato lo mismo que un utilitario, según un libro publicado por dos expertos en sostenibilidad.

El gasto medio anual en un perro oscila en España entre los 700 y los 1.500 euros / Foto: Tanakawho – Wikipedia

Dejando de lado las consideraciones éticas sobre lo que supone para un animal ser convertido en una mera posesión doméstica o un juguete vivo y pasar el resto de sus días solo y encerrado en una pecera, un terrario, una jaula o un piso (que es una jaula algo mayor), la posesión de mascotas, una moda en auge en el mundo rico, está adquiriendo un impacto ambiental insospechado y preocupante. El mantenimiento de un perro mediano puede dejar una huella ecológica superior a la de un gran vehículo 4×4, y la de un gato, a la de un turismo; los animales domésticos están acabando con especies autóctonas en la mayor parte del globo y hasta la recogida de las heces de los canes en las calles –cuando se recogen– supone el gasto de millones de bolsas de plástico diarias que no se podrán reciclar.
En su libro ¿Hora de comerse al perro? La guía real para una vida sostenible, donde analizan el impacto para el planeta de nuestros hábitos y decisiones cotidianas, Robert y Brenda Vale, una pareja de arquitectos especializados en viviendas ecológicas de la Universidad de Victoria (en Wellington, capital de Nueva Zelanda), calcularon que para alimentar a un perro mediano tal y como lo hacen hoy los propietarios urbanos de animales de compañía hacen falta unas 0,84 hectáreas de terreno.

Un can doméstico necesita 0,84 ha para su sostenimiento. Un etíope vive con 0,67
A modo de comparación, para compensar las emisiones de un Toyota Land Cruiser que recorriera 10.000 kilómetros al año bastarían 0,41 hectáreas. De acuerdo con sus estimaciones, un gato casero de los que languidecen en tantos apartamentos tiene el mismo impacto en el medio ambiente que un Volkswagen Golf: ambos consumen los recursos de 0,15 hectáreas. Peor y más triste aún: con datos de 2004, un ciudadano vietnamita podía mantenerse con 0,76 hectáreas, y un etíope con 0,67.

Los Vale basaron sus cálculos en el consumo medio por parte de un perro mediano de 90 gramos de carne y 156 de cereales dentro de su ración total de 300 gramos diarios de piensos. Eso equivaldría, antes del procesado de estos alimentos secos, a unos 450 gramos de carne fresca y 260 de cereales. En un año, el animal de compañía habrá consumido unos 164 kilos de carne y 95 de cereales. Sin duda, mucho más que cientos de millones de habitantes humanos del planeta.

Dado que son precisos 43,3 metros cuadrados de terreno para generar un kilo de pollo –si es de cordero o de ternera, se requiere muchísima más superficie– y 13,4 metros cuadrados para producir un kilo de cereales, el mantenimiento de un perro mediano le cuesta al planeta las citadas 0,84 hectáreas. Si se trata de un animal mayor, un pastor alemán, la extensión puede superar netamente la hectárea (y no digamos ya si hablamos de un gran danés).

Vestidos y juguetes

Estas conclusiones se refieren únicamente al impacto ambiental de la producción de los alimentos que consume el animal y de su transporte. No tienen en cuenta el creciente número de accesorios de todo tipo con que los poseedores de mascotas los rodean en un intento cada vez más evidente de humanizarlos (juguetes, casetas, incluso vestidos…). El gasto medio anual en un perro (sumando comida, medicamentos, gastos veterinarios, complementos…) oscila en España entre los 700 y los 1.500 euros, lo que ha generado un enorme volumen de negocio: el sector facturó en España 848 millones de euros en 2014, año en el que había en el país 5.000 tiendas especializadas y 6.000 clínicas veterinarias, según la Asociación Nacional de Comercio de Animales de Compañía.

Pero el coste para el planeta de someter de por vida a otros seres vivos al antojo de un humano no se queda aquí. La enorme proliferación de mascotas las ha convertido en un grave peligro para la fauna autóctona, ya tan puesta al límite por la manera de vivir de sus dueños. Sea matando directamente a los animales salvajes –por mucho que se les vista con jerséis y lacitos, perros y gatos son depredadores–, estresándolos con su presencia o introduciendo enfermedades en sus hábitats, los llamados animales de compañía son una amenaza para especies en muchos casos en peligro de extinción.

Para la recogida de las heces se usan millones de bolsas de plástico de un solo uso
La asociación suiza ProNatura ha calculado que, en un mes de primavera, los gatos domésticos de aquel país pueden eliminar a un millón de ratones, 400.000 insectos, 350.000 pájaros y 50.000 ranas y sapos, además de ser la primera causa de muerte del escasísimo lagarto de arena, y ha reclamado que se cobre un impuesto de 370 euros a los propietarios de gatos sin castrar en un intento de contener su número.

En Australia, las autoridades estiman que 75 millones de animales endémicos (la cifra incluye pequeños vertebrados e invertebrados) mueren cada día en las garras de unos 20 millones de gatos domésticos que viven más o menos asilvestrados. En el XII Congreso Internacional de Manejo de Fauna Silvestre en la Amazonía y Latinoamérica celebrado el mes pasado en Quito (Ecuador) se difundió una encuesta realizada a 400 personas en la India rural en la que un 67% de los entrevistados dijo haber visto a perros persiguiendo o atacando venados o animales de similar tamaño, un 17% observó ataques a zorros, un 7% a conejos, un 5% a monos y un 4% a ardillas. Y eso, en mayor o menor medida, sucede en todas las zonas habitadas por el hombre en el planeta.

Con decenas de miles de perros hacinados en nuestras ciudades, cuyos propietarios consideran normal que hagan sus necesidades en las calles, plazas y parques, sus excrementos y orines se han convertido en un desagradable y serio problema de estética e higiene. Pero también medioambiental. Ante el temor a las sanciones, los cada vez más numerosos pero todavía insuficientes propietarios que recogen las heces utilizan para ello bolsas de plástico, mayoritariamente de polietileno, que tardan una media de 150 años en descomponerse –los ayuntamientos todavía no castigan las micciones, que se acumulan por todas partes–. Eso supone el gasto de millones de bolsas diarias, en un momento en que se está tratando de reducir el consumo de plásticos de un solo uso –la Unión Europea trata de erradicarlos para 2020–. Es decir, las mascotas provocan también muchas más emisiones de gases de cambio climático y un alud de residuos no reciclables.

Según el Informe de análisis y caracterización del sector de los animales de compañía del Ministerio de Agricultura, Alimentación y Medio Ambiente, en 2012 había en España 3.588.016 hogares con al menos un perro, que en 2015 habían subido hasta 3.929.755. El estudio estimaba que el año pasado había unos 5.147.980 perros y 2.265.980 gatos en los domicilios del país. Respecto a 2012, eran un 10,37% más de perros y un 9,01% menos de gatos. En Estados Unidos, en 2012, eran 69.926.000 perros y 74.059.000 gatos. Los primeros salen cada día a evacuar en los espacios públicos de nuestras ciudades, mientras pasean cansinamente atados por el cuello al paso de un humano pendiente de su teléfono móvil en su único momento de libertad diario, a menudo a horas intempestivas. Hagan números. Y reflexionen por un instante sobre tanta necesidad de compañía no humana.

Los perros ven en color, posiblemente tonos azules y amarillos

Siempre nos habían contado que los perros veían en blanco y negro. Esto es un mito ya que numerosos estudios demuestran que los perros , aunque detectan menos combinaciones cromáticas, pueden percibir los colores.

Fuente: lavanguardia.com

Los perros son capaces de percibir colores (Fly_dragonfly / Getty Images/iStockphoto)

Existe gran confusión sobre cómo ven el mundo nuestros adorados compañeros peludos, los perros. Está claro que lo hacen de manera diferente a nosotros, pero no como creíamos. Uno de los grandes mitos es que no pueden percibir los colores y su visión se limita a blanco y negro.

Al igual que el ojo humano, el de los canes consta de células sensibles a la luz que se encuentran situadas en la retina, conocidas como conos -responsables de la visión en colores- y bastones -claves en condiciones de baja luminosidad-. La cuestión es que los humanos tenemos tres tipos de conos: uno sensible a la luz roja, otro a la verde y uno a la azul. Sin embargo, ellos tan solo poseen dos receptores cónicos, por lo que distinguen menos combinaciones cromáticas.

Un mundo en azules y amarillos

Los expertos no acaban de ponerse de acuerdo entre cuáles son esos dos colores, pero la mayoría piensa que se trata de azul y amarillo y que, por el contrario, tendrían dificultades para diferenciar el rojo y el verde. Según Alexandra Horowitz, autora de Being a Dog , podría ser similar a los tonos que percibimos al observar un atardecer.

Un estudio, publicado en Proceedings of the Royal Society B, también ayudo a tirar por tierra la leyenda de que ven en blanco y negro. Para comprobarlo, hicieron un experimento con ocho perros de diferentes razas que fueron adiestrados. Durante nueve días, los perros asociaron la presencia de carne en un recipiente con unos carteles impresos en cuatro colores: azul oscuro, azul claro, amarillo oscuro y amarillo claro. El objetivo era averiguar si se guiaban por el color o por el brillo.

La última prueba consistió en confundirles. A los canes acostumbrados a que el amarillo intenso significase ‘recompensa’, se les puso una señal en azul oscuro y en amarillo claro. Si intentaban abrir la caja azul oscura, se demostraría que estaba haciendo su elección en función del brillo. Si optaba por el amarillo, en cambio, su criterio sería el color. Tras varias diez pruebas, se confirmó que su elección estaba basada en el color en un 70% de las ocasiones y seis de los ocho perros tuvieron un 90% de aciertos.

Visión nocturna y expertos cazadores

Por el contrario, nuestros fieles compañeros poseen mayor número de bastones, lo que les aporta una visión nocturna mucho mejor que la nuestra. Asimismo, cuentan con una capa de la que nosotros carecemos, llamada tapetum lucidum, encargada de reflejar la luz en la retina. Esta capa de tejido ocular también es la responsable de que sus ojos brillen en la oscuridad o cuando les hacemos una foto.

Su ángulo de visión periférica también es muy superior -unos 250º frente a nuestros 180º-, sin embargo, necesitan menor distancia que nosotros para percibir un objeto en la lejanía y mayor longitud para enfocar un objeto cercano -para nosotros es suficiente a 6 centímetros, mientras que ellos necesitan 30-. Aunque la cosa cambia si el objeto se mueve.

Son mucho más hábiles que nosotros para detectar patrones de movimiento o calcular distancias de objetos en desplazamiento, de ahí que puedan cazar en el aire sin problemas su pelota o palo favoritos, pues procesan más imágenes por segundo y es como si pudieran verlos a ‘cámara lenta’.