‘Stop finning’, la campaña para frenar la matanza de tiburones para extraer sus aletas

En España apenas las consumimos, sin embargo, somos una de las potencias en su exportación al mercado asiático 😔

Fuente: niusdiario.es

Imágenes de NIUS. Captura de tiburones en el puerto de Vigo (Galicia) y en el de Ondarroa (Vizcaya).NIUS, IMÁGENES CEDIDAS POR JUAN ANTONIO MORENO E ISAÍAS CRUZ

  • Toneladas de tiburones son capturados cada año para hacer sopa con sus aletas

  • España es el segundo país del mundo que más tiburones pesca y más aletas exporta al mercado asiático

  • Una iniciativa ciudadana quiere acabar con este comercio en Europa, países como Canadá ya lo han prohibido

Millones de tiburones son pescados cada año con el fin de utilizar sus aletas para preparar la popular sopa china de aleta de tiburón. “La matanza de estos escualos en los últimos 30 años ha sido tan bestial que algunas poblaciones de tiburones han quedado reducidas en un 99 % y más de un tercio de las especies de tiburón están en peligro de extinción”, confirma a NIUS Gádor Muntaner, oceanóloga experta en tiburones.

“Quizás en España lo de la sopa de aleta de tiburón nos suena como algo lejano y ajeno, lo que mucha gente no sabe es que que nuestro país es una de las principales potencias en exportación de ese supuesto manjar chino“,  añade. “Aquí se pescan toneladas de tiburones para luego vender sus aletas al mercado asiático”.

“Una práctica cruel”

Su carne no está valorada, pero sus aletas se venden a precios desorbitados, por eso muchas flotas que antes se dedicaban a pescar otras especies que ya no son tan abundantes en nuestras aguas (como el atún, por ejemplo) se han reconvertido a pescar tiburones”, explica Muntaner.

Se trata de una práctica antigua, que lleva realizándose décadas en todos los mares del mundo. “Como lo que siempre ha tenido valor es la aleta, los pescadores capturaban los tiburones, les cortaban vivos ese apéndice y los volvían a echar al mar, donde morían desangrados”, lamenta la científica marina.

En 2003 “esta práctica cruel”, conocida como finning, quedó prohibida en Europa, pero se siguió realizando de forma ilegal. Para evitarlo, en 2013, se amplió la prohibición obligando a los pescadores a llegar a puerto con el animal entero. “Fue un gran avance porque eso hizo que se mataran menos ejemplares”, apunta. “Pero no fue suficiente. La legislación europea sigue permitiendo el comercio de aletas a granel siempre que no se trate de las 12 especies protegidas en el convenio CITES (que prohíbe el comercio mundial de ciertas especies amenazadas), pero hecha la ley, hecha la trampa”, dice Muntaner.

“Cuando se comercia con todo el cuerpo del animal, la identificación de la especie es relativamente fácil, pero cuando se transportan solo las aletas, esta es muy difícil”, añade. “El problema está en que es complicado identificar por las aletas si el pez pertenecía a una especie en peligro de extinción o no, porque salvo algunas, como las del tiburón ballena o las del tiburón blanco que son inconfundibles, el resto de aletas son bastante similares”, aclara. “Además, los envíos suelen mezclar diferentes tipos de aletas, y para los ejemplares jóvenes es casi imposible la identificación”.

“Un mar con tiburones es un mar sano”

“Hay gente que me comenta que no le importa que se mate a los tiburones, que así se bañan más tranquilos”, cuenta Muntaner con tristeza. “Lo que ignoran es que con esta especie pasa algo parecido a lo que ocurre con las abejas. Sin abejas se acaba con el ser humano, sin tiburones un poco lo mismo“, recalca.

Y lo explica: “Sin tiburones el océano no sobrevive, porque el océano, como cualquier otro ecosistema tiene un equilibrio y tiene una pirámide en la que cada uno ocupa su papel y su lugar. Es la cadena trófica. Los tiburones están en la cúspide de esa cadena, y qué pasa si acabamos con ellos, pues que toda esa depredación que ejercen sobre otras especies dejaría de suceder y provocaría el sobrecrecimiento de tales especies, que necesitarían, a su vez, cantidades ingentes de alimento, comida que desaparecería… y así se desencadenaría un efecto en cascada de dimensiones desconocidas que acabaría con el océano tal y como lo conocemos“, asegura Muntaner.

“Un mar con tiburones es un mar sano, que existan es un indicador de la salud del océano”, insiste. “Se nos ha metido mucho miedo respecto a estos animales marinos, el cine ha hecho mucho daño, pero nada tiene que ver con la realidad. La gente tiene que entender el mensaje: “Sin tiburones el mar no sobrevive y sin mar no sobrevivimos nosotros“.

Quiere Muntaner mandar también un mensaje positivo. “Aún estamos a tiempo, pero hay que actuar ya, hay que dejar de matar tiburones y una forma de frenar esta locura es conseguir que no se comercialice la aleta de tiburón. Hay países, como Canadá, que ya lo han prohibido. Ahora hay que lograr que lo prohíba Europa”, subraya.

‘Stop finning’, una iniciativa ciudadana

Un grupo de ciudadanos de toda Europa se ha unido para pedir la prohibición del comercio de aletas de tiburón en la UE. “Se necesitan 1 millón de firmas en 1 año para que Bruselas estudie la propuesta”, aseguran desde Stop finning. “Para apoyar esta iniciativa solo hay que entrar aquí, en la página de la Unión Europea y firmar. “Solo es posible poner freno a este negocio a costa de los tiburones si Europa (España fundamentalmente) deja de exportar aletas de tiburón a Asia y no facilita el comercio a través de su territorio”, recalcan.

A esta campaña internacional se han sumando en los últimos días también rostros conocidos en nuestro país, como el de la periodista y presentadora del Tiempo en Telecinco, Laura Madrueño, o el del campeón del mundo de fotografía submarina, Rafael Fernández Caballero.

“Hay que conseguir que no desaparezcan de los mares”, dice la oceanóloga Gádor Muntaner. “En el mediterráneo casi ya no quedan grandes ejemplares. Se sabe que sigue habiendo, por datos de pesca y avistamientos muy puntuales, pero en un porcentaje muy pequeño”, apostilla.

Durante el confinamiento se han visto en nuestras costas tiburones peregrino, de 6 metros, una especie súper difícil de ver, muy poco común y muy bella, y cuya existencia podríamos aprovechar de otra forma, en vez de matarlos. Un solo individuo de esta especie, si lo mantenemos vivo en el mediterráneo y conseguimos que se vea regularmente puede generar una rentabilidad mucho más alta a través del turismo que si acabamos con él y lo vendemos hoy”, puntualiza.

“El problema del tiburón es que es muy sensible a la sobrepesca porque tarda mucho en reproducirse, no puede hacerlo hasta los 30 años (vive unos 73) y luego, además, tiene muy pocas crías, entre 2 y 15 cada dos años”, ilustra Muntaner. “Imagínate lo difícil que es sobrevivir 30 años sin que te pesquen o te contaminen”, comenta, “por eso se está diezmando la población en todos los mares”, lamenta “con la catástrofe medioambiental que supone”.

“Y para los que sigan creyendo que el tema no atañe a los españoles quiero recordar que aquí también nos comemos a los tiburones, no solo en Asia”, concluye Muntaner. “Lo que pasa es que como se les da el nombre local mucha gente no es consciente. Cada vez que comemos cazón, marrajo o tintorera estamos comiendo tiburón”.

 

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