Protestas de científicos y animalistas contra la granja de pulpos en Canarias

«Los pulpos son unos animales extremadamente inteligentes y sensibles», eso afirman los expertos. En Gran Bretaña están a punto de incluirlos en el Proyecto de Ley de Bienestar Animal como «seres sensibles»…. Difícil compatibilidad para una vida cautiva, en un tanque, sin estimulación. 😦

Fuente: informacion.es

Los pulpos son animales inteligentes y sensibles.

Científicos y conservacionistas han iniciado una cruzada contra la primera granja comercial de pulpos del mundo, que una empresa española abrirá en 2022 en Gran Canaria, con el objetivo de producir 3.000 millones de toneladas al año. El anuncio ha provocado una mezcla de consternación e indignación entre los científicos, que aseguran que los pulpos son animales extremadamente inteligentes y sensibles, capaces de sentir dolor y emociones similares a las humanas, por lo que, en su opinión, no deberían ser en ningún caso comercializados como alimentos. Los planes de la compañía han sido denunciados por un grupo internacional de investigadores como “ética y ecológicamente injustificados”.

Todas las pruebas realizadas a ejemplares de esta sorprendente especie han conseguido fascinar a los científicos. Los pulpos tienen conciencia de sí mismos, son capaces de resolver problemas complejos, aprenden de sus errores, juegan solo por diversión, elaboran estrategias de caza, gozan de una excelente memoria, tienen una enorme capacidad de aprendizaje y presentan rasgos estables de personalidad. Algunos ejemplares son traviesos, otros tranquilos, unos alegres, los hay gruñones, muchos tímidos, la mayoría solitarios y todos muy curiosos (signo de inteligencia).

Stacey Tonkin forma parte de un equipo de cinco encargados del acuario de Bristol, en Inglaterra, y asegura que simplemente con mirar a los ojos a un pulpo se percibe su gran inteligencia.

Ha habido ejemplares que han aprendido por sí solos a apagar las luces de una habitación lanzando agua; otros que son capaces de robar las trampas de los pescadores, y alguno que ha logrado regresar al mar tras escaparse de un acuario por una tubería de drenaje sin que sus cuidadores se dieran cuenta.

Los pulpos se reconocen en el espejo

Son capaces de caminar a dos patas, tanto en tierra como en el fondo del mar; de desenroscar frascos (desde dentro y desde fuera); de desmontar el sistema de filtración de un acuario; de transportar materiales para construir refugios; de preparar emboscadas a sus presas; de lanzar objetos como si fueran proyectiles contra sus depredadores; de navegar sin perderse a través de laberintos complejos, y de reconocerse en un espejo.

De ahí que los científicos lleven años reclamando que sean reconocidos legalmente como “seres sensibles”, una circunstancia que está a punto de hacerse realidad en Gran Bretaña, donde en breve se votará una enmienda en ese sentido al Proyecto de Ley de Bienestar Animal.

Los políticos británicos atienden así a una reclamación de un equipo de expertos que examinó más de 300 estudios científicos y concluyó que los pulpos, efectivamente, son “seres sensibles” y que hay “pruebas científicas sólidas” de que pueden experimentar placer, sentimientos complejos: emoción, alegría, dolor, angustia, depresión…

Los expertos sospechan (aún no han podido demostrarlo fehacientemente) que los pulpos sueñan, pues mientras duermen experimentan diferentes estados, uno análogo al REM de los humanos, y cambian de color, como si estuvieran reaccionando a algún tipo de ensoñación.

Los investigadores que se oponen al proyecto están “convencidos” de que la cría de pulpos con alto bienestar es “imposible” y animan al gobierno británico a considerar la posibilidad de “prohibir el pulpo de cultivo importado”.

Mientras tanto, el número de pulpos en estado salvaje está disminuyendo de forma notable y los precios están subiendo. Se estima que cada año se capturan 350.000 toneladas de pulpo, diez veces más que hace 60 años.

Una granja tierra adentro

Las quejas de los científicos y los conservacionistas se dirigen ahora hacia el plan de Nueva Pescanova, que abrirá dentro de unos meses una granja comercial de pulpos tierra adentro, cerca del puerto de Las Palmas de Gran Canaria.

La compañía se defiende de las críticas asegurando que con su planta evitará que se pesquen tantos pulpos silvestres. Pero este argumento no convence a los defensores de esta singular especie, que siguen reclamando conocer aspectos como el tamaño de los tanques, qué comida se les dará o cómo se los matará.

El grupo que impulsa la campaña contra la granja de pulpos lleva por nombre Compassion in World Farming (CIWF) y ha escrito a los gobiernos de varios países, incluido España, instándolos a prohibir este tipo de instalaciones.

Son animales asombrosos. Son solitarios y muy inteligentes. Así que ponerlos en tanques estériles sin estimulación cognitiva es malo para ellos”, resalta Elena Lara, directora de investigación de CIWF.

Los científicos animan a todo el mundo a ver el documental ganador del Oscar 2021, titulado ‘My Octopus Teacher’, titulado en España ‘Lo que el pulpo me enseñó’, para entender cómo son en realidad estos animales. La grabación relata en primera persona la insólita amistad que mantuvieron durante casi un año un pulpo hembra y el buceador sudafricano Craig Foster, y el impacto que tuvo en éste aquella relación.

Maestros en el arte del camuflaje

El documental, rodado en los bosques de algas del extremo sur de África, revela algunos de los ‘superpoderes’ de los pulpos, como su elevadísima capacidad de aprendizaje, su curiosidad y su maestría en el arte del camuflaje.

Los integrantes de CIWF lamentan que las leyes de la Unión Europea (UE) que se refieren al bienestar de los animales de granja solo se aplique a los vertebrados, criaturas que tienen columna vertebral, excluyendo de esta manera a los pulpos y otros cefalópodos. Además, según este colectivo, actualmente no existe un método científicamente validado para su “sacrificio humanitario”.

Tenemos un ejemplo de un organismo que ha evolucionado para tener una inteligencia comparable a la nuestra. Sus habilidades para resolver problemas, su alegría y su curiosidad son muy similares a las de los humanos. Así es potencialmente como se vería si alguna vez nos encontráramos con un extraterrestre inteligente de un planeta diferente. Son seres extremadamente complejos”, destaca Jakob Vinther, de la Universidad de Bristol.

Entre los argumentos de CIWF contra la planta de Nueva Pescanova figura el de que podría aumentar la presión sobre las poblaciones de peces silvestres, ya que los pulpos son carnívoros y necesitan comer de dos a tres veces su propio peso en alimentos para sobrevivir. “pulpo de cultivo podría alimentarse con productos pesqueros de poblaciones ya sobrepescadas”, alertan los científicos.

La doctora Lara muestra su preocupación por aquellos consumidores que quieren hacer lo correcto puedan pensar que comer pulpo de granja es mejor que capturado en la naturaleza. “No es más ético en absoluto: el animal va a sufrir toda su vida”, lamenta. Significará “sólo que los consumidores ricos pagarán más por un pulpo silvestre cada vez más escaso”, añade Jennifer Jacquet, de la Universidad de Nueva York.

Capaces de reconocer a personas

Entre los aspectos más sorprendentes de los pulpos, además de los ya citados anteriormente, figuran que tienen tres corazones, sangre azul, nueve cerebros (o un cerebro múltiple), ocho brazos capaces de “pensar” por sí mismos de forma independiente y dos mil ventosas con las que pueden palpar, oler, degustar y usar herramientas. Cambian de forma y de color a voluntad.

Más: los pulpos son capaces de reconocer a personas (a un ejemplar de un acuario neozelandés le ‘caía mal’ un miembro del personal y le lanzaba agua a la nuca cada vez que lo veía). Juegan con sus congéneres, con ejemplares de otras especies, e incluso con objetos como frascos o piedras. Y pueden transformar la forma de su cuerpo casi sin límite, por ejemplo, para pasar por un agujero del tamaño de su globo ocular.

Los partidarios de la granja de pulpos esgrimen que se ha demostrado que también los cerdos, por ejemplo, son inteligentes, pese a lo cual se siguen matando millones de ejemplares al año para elaborar productos para la alimentación humana. Así que se preguntan: ¿Cuál es la diferencia entre un cerdo de granja industrial y un pulpo de granja industrial?

La respuesta de los conservacionistas es que la sensibilidad de muchos animales de granja, como los cerdos, no se conocía cuando se establecieron los sistemas intensivos, y defienden que los errores del pasado no deberían repetirse. Además, a diferencia de otras especies, “prohibir el cultivo de pulpos no dejaría a los humanos sin lo suficiente para comer”, subraya Jacquet.

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